La penúltima vez que estuve en mi tierra y llegué a Valencia de nuevo, mi madre hizo su llamada de rigor (si no lo hiciera lo echaría de menos) para preguntarme lo de: ¿Has llegado bien, ya estás en Valencia?

Después oí que el móvil sonaba de nuevo y me sorprendí. Me llamaba porque, según me contó, una gran amiga de la familia, Mari, le había llevado un papel con el siguiente texto porque según ella, era algo que mi madre siempre hacía sobreentender en sus conversaciones sobre los hijos.

Me lo leyó, la escuché emocionada y sorprendida y nos despedimos.

Casualmente, al comienzo de la semana, mi compañero de piso, Michele, me enseñó dos libros que había comprado antes de hacer un viaje. Y justamente me leyó el mismo texto. Me encantó volver a repetir la experiencia de escucharlo. Ahí lo tenéis.

Vuestros hijos no son hijos vuestros.

Son los hijos y las hijas de cuanto la Vida desea para sí misma. Son concebidos por medio de vosotros, mas no de vosotros.

Y aun estando con vosotros, no os pertenecen.

Podéis otorgarles vuestro amor, mas no vuestros pensamientos. Porque ellos poseen los propios.

Podéis dar cobijo a su cuerpo, mas no a su alma. Porque sus,almas habitan en la morada del futuro, la cual no podéis conocer, ni siquiera en vuestros sueños.

Podéis esforzaros por ser como ellos, mas no intentéis que ellos sean como vosotros. Porque la vida no anda hacia atrás ni se para en el ayer.

Sois los arcos de los cuales vuestros hijos han sido disparados como dardos vivos. El Arquero ve el blanco en el camino del infinito, y Él os doblegará con su poder para que sus dardos puedan ir lejos y raudos.

Permitid que por placer sea la mano del Arquero la encargada de doblegaros. Pues aun cuando Él ama al dardo que vuela, también siente amor por el arco en tensión.

RECOMENDACIÓN: EL PROFETA. Gibrán Khalil Gibrán.