El reinado de Isabel II de España no fue, en realidad, sino un reinado de generales o de camarillas palaciegas.
La soberana encargó del poder a su antiguo tutor Olózaga, pronto derribado por una intriga palatina que dio el Gobierno a González Bravo, con el que se inicia la Década Moderada (1843-1853) caracterizada por un turno de ministerios de este matiz político, con crisis frecuentes; hubo ministerios relámpagos que no duraron más que algunos días.
Hasta que la Revolución de 1868 acabó con el reinado de Isabel II, en el Gobierno de España se sucedieron numerosos cambios políticos. En el momento de dirimirse la lucha entre las ideologías se requería la inteligencia y habilidad que Isabel II no tenía. Su nombramiento produjo una guerra civil y su reinado terminó con una revolución.
En la antigua Roma se llamaba monitor al esclavo que acompañaba a su señor por la calle a actos públicos, para recordarle los nombres de las personas a quienes iba encontrando, o para repasarle datos de un discurso mientras que aquél lo pronunciaba.
El garrote vil es un atroz procedimiento de estrangulación mecánica empleado en España para ejecutar a los condenados a la última pena, desde al Edad Media hasta 1974. El último ajusticiado con este horrible instrumento fue el anarquista Salvador Puig Antich, el 2 de marzo de 1974.
Los primeros garrotes eran torniquetes aplicados al cuello del reo con ayuda de un palo o garrote, de ahí su nombre. Poco a poco, el garrote mecánico fue sustituyendo a la horca; en 1809 la horca fue abolida, y se estableció el garrote -para más definición, "garrote vil"-, como única forma de ejecución civil en España.
Jacinto Benavente, escritor y dramaturgo, decía sobre el deseo del mal ajeno:
- Esperan cobardemente la caída de otro para decir al fin satisfechos. "¿Ven ustedes como teníamos razón en pensar mal? Ya sucedió lo que nosotros temíamos". Por vergüenza no se atreven a decir:"Lo que nosotros deseábamos"
Durante la Revolución Francesa los billetes de banco fueron sustituídos por los llamados "asignados". Un inquilino fue a pagar el alquiler al propietario de la casa y le pagó con asignados. - "¿No tenéis otra moneda?". - "Sólo circula ésta". - "Es papel mojado. Mejor será que esos asignados se los déis a los pobres". - "No es posible. Les he ofrecido otros que tengo y no los han querido".
Ni los pobres aceptaban aquella despreciable moneda, lanzada al mercado por la Revolución.
"Echarle a uno el sambenito" es una frase hecha que significa descrédito de una acción.
La palabra "sambenito", según Rafael Escamilla, deriva de la expresión "saco bendito", que era el capotillo o escapulario que se les colocaba a los penitentes reconciliados con el Tribunal de la Inquisición.
Los que habían negado la fe de Jesucristo, que deseaban volver al seno de la Iglesia, debían abjurar y retractarse públicamente ante el Tribunal de la Inquisición. El arrepentido se retractaba de rodillas, vestido con los hábitos penitenciarios, que eran como una especie de saco largo, y llevando un cirio apagado, como símbolo de que la luz divina no estaba a su lado.
Luego los ministros del Santo Oficio los rociaban con agua bendita y el obispo les daba la absolución. Ya tenían el "saco bendito" o "sambenito" con el que quedaban señalados como que habían abjurado de sus herejías. Y se les encendía un cirio, como señal de que la luz de la fe había renacido en ellos.